Una amalgama de roedores, unidos por la cola. Sea por nudos, por heces o por suciedad arrastrada. El Rey Rata no es una entidad singular; es un conjunto de seres vivos actuando como uno solo. Las ratas —del Rey Rata— no pelean entre ellas, por lo menos no de manera mortal. Caminan en conjunto, comen en conjunto, se aparean en conjunto, duermen y cagan en conjunto. ¿Qué pasa cuando una de las ratas carece de ese gen comunitario, intrínseco del Rey Rata? ¿Qué pasa cuando esa rata comienza a matar a sus otras extremidades? ¿Qué pasa con la rata que termina arrastrando a otras quince? ¿Es esa rata merecedora de ser llamada Rey Rata?
Doce kilómetros. Esa es la longitud del Rey Rata. Un conglomerado de autómatas de una época antes de nuestra época, y de la época anterior a esa. Uno solo camina, o bien se arrastra, sin parar.
Doce mil kilómetros es la distancia total de su recorrido, según lo observado por mis colegas. Circular, o en estricto rigor ovalado, si lo comparamos con lo que sería un camino transitable.
El culto del Rey Rata es curioso, como casi todos los cultos de este tiempo. El sacrificio parecería ser secundario en sus prácticas, algo que tengo entendido se considera pretencioso entre otros conocedores de la carne. Uno que otro se cruza frente al Rey Rata, brazos abiertos, esperando el inminente choque. Que no es rápido; por el contrario, el crujido se escucha en detalle. Y el seguimiento... posibles peregrinos, asumo, por comparación a textos pre-antiguos. En caminatas interminables, siguiendo los mismos doce mil kilómetros de recorrido. Cuando caen, se levantan entre ellos. Comen y cagan sin parar. Dan a luz sin parar. Cogen sin parar. Años de evolución, supongo.
¿Cuántos años llevarán en este ciclo?






